Cuando se queda a medio recorrido
El motivo más habitual de una persiana clavada en mitad de la ventana es una lama que ha escapado de la guía. Ocurre cuando se baja con prisa y el paño entra ladeado, o cuando una ráfaga la empuja estando a media altura. La lama desplazada actúa como una cuña y ya no deja pasar a las demás, por mucho que se tire de la cinta.
Junto al mar hay un segundo culpable: la arena. El viento la mete en los carriles y, mezclada con la sal, forma una pasta que primero frena el paño y acaba bloqueándolo. En esos casos desmontamos lo imprescindible, limpiamos las guías a fondo, recolocamos la lama y comprobamos que la persiana recorre toda la altura sin rozar.
Si ha caído de golpe
Una persiana que se desploma de repente suele haberse soltado del eje. El paño cuelga del eje gracias a unos enganches, también llamados flejes o tirantes, que con los años se parten o se desprenden. Otras veces lo que cede es la cinta, dentro del cajón, y el eje queda libre de girar.
Para resolverlo abrimos la tapa del cajón, subimos el paño, lo amarramos de nuevo al eje con enganches nuevos y revisamos la polea y la cinta. Si con la caída se ha doblado alguna lama, la cambiamos siempre que tengamos ese perfil, y si no lo tenemos se lo decimos antes de irnos.
Ruidos, tirones y persianas que pesan
Cuando subir la persiana cuesta cada vez más o se oye un chirrido dentro del cajón, el problema suele estar en el eje o en sus rodamientos. Un rodamiento gastado frena el giro, y un eje que se ha movido de su soporte roza contra las paredes del cajón. Con el tiempo, ese esfuerzo de más acaba rompiendo la cinta.
Cambiamos rodamientos, soportes y, si hace falta, el eje entero, y regulamos los topes de la lama final para que el paño no se cuele en el cajón al subir. El resultado es una persiana que se maneja con una sola mano, sin sacudidas ni ruidos.
PVC, aluminio y madera frente al clima de la costa
Cada material sufre a su manera cerca del mar. El PVC, sobre todo en tonos oscuros, se ablanda con el calor y se comba hasta tocar las guías. El aluminio aguanta mejor el sol, pero se abolla con los golpes y sus carriles acumulan salitre. La madera, cada vez menos presente, se hincha con la humedad y pide más cuidados.
Trabajamos con los tres y le explicamos qué conviene en cada fachada. Si la avería se repite porque esa ventana recibe el sol de lleno durante toda la tarde, quizá tenga sentido sustituir las lamas afectadas por otras de aluminio con aislante, que se mantienen más estables.
Preguntas frecuentes
¿Qué hago si la persiana se ha clavado a media altura?
No la fuerce ni intente empujar las lamas desde fuera. Déjela en esa posición y llámenos: así se ve mejor qué lama ha escapado de la guía y podemos devolverla a su sitio sin estropear el resto del paño.
¿Reparan persianas de madera antiguas?
Sí. Las de madera se pueden ajustar, cambiarles los enganches o reponer algún listón dañado. Si la madera está muy castigada por la humedad, se lo diremos y valoraremos con usted si merece la pena pasar a PVC o a aluminio.
¿Por qué fallan tanto las persianas cerca del mar?
Por la suma de arena, sal y sol. La arena y el salitre ensucian las guías y frenan el paño, mientras el sol reseca las cintas y deforma el PVC. Limpiar las guías de vez en cuando y bajar la persiana sin brusquedad reduce mucho las averías.
¿Hay que desmontar la ventana para arreglar la persiana?
No. Casi todo se hace desde dentro de la vivienda, abriendo la tapa del cajón que hay sobre la ventana. Solo con algunos cajones de obra o exteriores toca trabajar desde fuera, y en ese caso se lo explicamos cuando nos llame.